Para aprender también hay que descansar

Después de muchos soles y muchas lunas, como decían los antiguos pobladores del universo, grandes pensadores ofrecían avances y descubrimientos al mundo.

En la era de la innovación y los avances tecnológicos, parece que hemos plegado el tiempo y el espacio y conseguimos “impensables”. Sin embargo, la esencia humana de la reflexión ha quedado difuminada en el camino.

Hemos acortado los tiempos. Y además hemos disminuido la atención necesaria para ejecutar algunas tareas. Si escribes en el ordenador, el corrector se encarga de cambiar o avisar sobre aquello que no está bien. Incluso si te calientas la leche para el desayuno en el micro-ondas no necesitas estar pendiente de que no se salga la leche al hervir.

Y así continúa nuestro día a día… enfocados en el hacer.

Ya no pensamos, reaccionamos

Somos lo que hacemos, dicen unos

Para aprender hay que hacer, afirman muchos

La espiral mundana nos envuelve y nos hace girar a velocidades insospechadas y nos lleva de tormenta en tormenta, de hito en hito, envueltos en una maraña que raramente nos ofrece un espacio personal.

¿Y para qué lo queréis? Dirán muchos… Pues simplemente para fijarnos en lo que estamos haciendo, sintiendo y pensando. Para saber de nosotros mismos y darnos cuenta que:

  • El cerebro humano necesita del sueño para procesar y fijar el conocimiento que gestionamos o creemos gestionar durante el día. Favorece el recuerdo y el establecimiento de relaciones entre los nuevos conocimientos adquiridos y los ya existentes.
  • Si tu profesión precisa realizar tareas repetitivas, prestar atención es aún más difícil cuando estás cansado que cuando no lo estás.
  • Para desarrollar la creatividad y correr riesgos, es necesario salir de la zona de confort. Y para ello necesitamos sentirnos plenos de energía. En los momentos de debilidad ¿nos planteamos algo distinto de ir a lo seguro? “Sota, caballo y rey” que dice el refranero popular, trayendo un ejemplo de la mano de cartas ganadora.
  • Fluimos, mostramos nuestro máximo potencial y no nos damos cuenta del paso del tiempo cuando hacemos aquello que nos gusta, nos engancha y nos emociona ¿podrías pensar en un ejemplo en que esto te haya ocurrido cuándo te sientes al borde de la extenuación?
  • A veces, las mejores ideas no te encuentran “trabajando”. Y para muestra la teoría de la gravedad de Isaac Newton a partir de la caída de una manzana. Aplazar una tarea la deja subyacente, como las subrutinas en los programas. Está ahí, inacabada, y por eso nuestro cerebro no la cierra. A cambio nos otorga la oportunidad de resolverla estableciendo relaciones con otras ideas o acontecimientos. A mi entender las ideas no se crean, son como la energia, algunas personas la captan de forma diferencial y saben transformarlas.

En cualquier caso la clave reside en dedicarse un tiempo y además conocerse. Saber cuándo y cómo hemos de hacer y disfrutar de un merecido descanso.

Aprender a decir no, desvincularnos de la inmediatez y darnos permiso para …. en lugar de practicar el debo de…, tengo que… puede ser una alternativa saludable para pensar, actuar y sentirnos más completos, más felices.

¿Cómo vas a proponerte empezar a practicar el descanso personal? Comparte tu experiencia, compartir nos ayuda a mejorar.

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